jueves, 7 de octubre de 2010

Editorial




A estas horas la mayoría de vosotros ya os habréis enterado, así que no merece la pena guardarlo en secreto.

Un año más, y pese a que mi nombre sonaba en los mentideros de la Academia sueca, me he quedado a las puertas del Nobel de Literatura. Vargas Llosa me lo ha levantado en la ronda final. Felicidades a Mario y confío en que no le suceda a mi candidatura lo mismo que a la del amigo Borges.
La foto me la ha hecho mi secretaria.

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